La importancia del portfolio artístico como herramienta de protección del derecho autoral
En una de nuestras últimas experiencias, titulada “Derecho de Autor para Artistas Visuales”, realizada en la carrera de la Licenciatura en Artes Visuales (gracias a la invitación del Departamento de Artes Visuales), hubo una intencionalidad manifiesta de enfocar una parte importante de nuestra charla en un concepto: el portfolio. Y sobre todo, en la importancia de realizar uno con nuestras obras creativas.
En el mundo del arte, aunque también en el de la ciencia y el periodismo, pocas herramientas son tan importantes como el portfolio: el conjunto ordenado de obras creativas que pertenecen a un autor y que funcionan como carta de presentación del mismo.
No se trata simplemente de una carpeta con trabajos, u hoy en día, de un sitio web o cuenta en red social donde el artista coloca sus obras. Es, en esencia, la narración visual y conceptual de la trayectoria de un artista. Allí conviven sus obras representativas, pero también sus procesos creativos y, sobre todo, una mirada propia sobre el oficio. Y es, sin lugar a dudas, el primer lugar donde alguien que quiere trabajar con un artista, revisará para conocer su estilo y su compatibilidad con la propuesta a realizar.
El portfolio permite a quien decide trabajar con artista ponderar su trabajo de manera integral. Al mismo tiempo, permite al artista revisar y evaluar las decisiones estéticas, técnicas y discursivas que dan cuenta de un camino recorrido. Es una herramienta que ordena, selecciona y da perspectiva, ayudando a reconocer fortalezas, áreas de exploración y nuevas posibilidades de desarrollo.
En las artes visuales, el portfolio adquiere un valor aún más estratégico. Curadores, galeristas, instituciones y potenciales clientes suelen tomar decisiones en función de cómo un artista presenta su producción. La manera en que se organizan las obras, se describe la búsqueda estética o se contextualiza el trabajo puede abrir puertas a exposiciones, becas o oportunidades de trabajo. En este sentido, el portfolio no es solo un catálogo, sino un dispositivo de legitimación que dialoga con el mundo profesional, y por eso no debe ser subestimado en su importancia.
Y desde un punto de vista legal, el portfolio tiene cierto valor como asentamiento de autor sobre obras incluso realizadas por contrato (work for hire) u obras que aunque sus originales ya están fuera del alcance de los autores (por haberlos vendido), siguen formando parte del acervo creativo de su autor. Le permite al autor recuperar el reconocimiento del derecho moral de sus obras, que es por naturaleza intransferible, aun cuando haya cedido los derechos patrimoniales de alguna u otra manera.
Por último, y desde una óptica reflexiva, elaborar un portfolio invita a todo artista a detenerse sobre su propia práctica. La pregunta sobre “¿Qué quiero mostrar?”, permite a cualquier creativo resolver el discurso que unifique su práctica creativa, a la hora de fortalecer su capacidad de posicionamiento como artista y sobre sus obras. Ese ejercicio de curaduría personal no solo comunica hacia afuera, sino que también fortalece la identidad artística hacia adentro.
En definitiva, el portfolio es mucho más que un requisito administrativo: es un puente entre la creación y la posibilidad de compartirla, un espacio donde el arte habla de sí mismo y se proyecta hacia el futuro. Y por ello, es importante que le demos su espacio y su tiempo, en nuestro trabajo creativo.
German Rodríguez – CONICET IEV
mrodriguez@ffha.unsj.edu.ar
